Veggie Blog | Productos Ecológicos
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ARTÍCULO PRINCIPAL


1. ¿Por qué productos ecológicos?

La palabra ‘ecológico’ se refiere a la forma en la que los agricultores cultivan sus productos, como frutas, verduras, cereales, productos lácteos o carne. Las prácticas agrícolas ecológicas están diseñadas para mejorar la calidad del suelo y el agua, reducir la contaminación y promover un ciclo sostenible de los recursos.

Algunas de las principales razones por las que los consumidores eligen productos ecológicos:

∠  Producción respetuosa con el medio ambiente.

∠  Utilización de métodos de cultivo racionales y sostenibles.

∠  Ausencia de sustancias químicas de síntesis en cualquier paso de su obtención y posterior tratamiento.

∠  Fomento de la producción local y del desarrollo rural.

∠  Empleo de métodos basados en la elaboración tradicional que influyen en la calidad gustativa del producto (sabor, aroma, textura).

∠  Elaboración sin la utilización de aditivos.

Estos valores están en consonancia con las principales tendencias de consumo actuales, y son suficientes como para suponer una ventaja para un mercado potencial en crecimiento. Desde VeggieBurger pretendemos difundir estos valores para que el consumidor tome conciencia de las diferencias con el producto convencional y esté en disposición de elegir de manera autónoma y responsable.

El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA) hizo público el informe anual sobre el sector ecológico titulado “Caracterización del sector de la Producción Ecológica de España en el año 2016”, referente a datos obtenidos hasta el 2016 que mejoran y sorprenden anualmente.

España supera ya los 2 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura ecológica, generando un volumen de mercado de más de 1.700 millones de euros y 85.000 puestos de trabajo. Todo ello se sustenta en un consumo interior que ha crecido un 12,5% y un importante incremento de las exportaciones y las importaciones. Estos datos convierten al sector ecológico en un sector en crecimiento y reflejan el cambio tan necesario que está sufriendo el campo de la agricultura en España.

España supera ya los 2 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura ecológica, generando más de 1.700 millones de euros y 85.000 puestos de trabajo. Clic para tuitear

Ahora el deber de los que trabajamos en el sector de la alimentación es llevar de la manera más directa estos beneficios a los consumidores. Los datos muestran como el consumo de alimentos eco ha crecido casi 18 veces más que el convencional. Pero en la actualidad, debido a la presión de las grandes superficies, el cultivo ecológico está industrializándose sin control convirtiendo el objetivo en máxima producción y mínimo coste. Evitar que esto suceda está en manos de pequeñas empresas comprometidas con sus principios, y con su forma de entender la alimentación.

Desde VeggieBurger queremos poner nuestro granito de arena ofreciendo alimentos ecológicos pero además sostenibles y que fomenten el comercio de proximidad. No es una meta, es nuestra forma de entender la alimentación y la naturaleza.


2. Un poco de historia

En España la Agricultura Ecológica (A.E.) empieza oficialmente a desarrollarse, enmarcada como una modalidad de la política de calidad, a partir de la Orden de 4 de octubre de 1989 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) (BOE del 5-10-89), por la que se aprueba el Reglamento de Denominación Genérica Agricultura Ecológica y su Consejo Regulador (C.R.A.E.). La Orden equipara los términos de agricultura ecológica, biológica, orgánica, biodinámica o biológico-dinámica, que definen un sistema agrario cuyo objetivo fundamental es la obtención de alimentos de máxima calidad respetando el medio ambiente y conservando la fertilidad de la tierra, mediante la utilización óptima de los recursos y sin el empleo de los productos químicos de síntesis.

En 1993, el Real Decreto 1852/1993, de 22 de octubre, ratifica el Reglamento (CEE) 2092/91, del Consejo sobre Agricultura Ecológica y su indicación en los productos agrarios y alimenticios, se crea un órgano superior de asesoramiento, la Comisión Reguladora de Agricultura Ecológica y se establecen los mecanismos para la aplicación de determinados aspectos de dicho reglamento. En el año 1992 comenzaron las transferencias de competencias sobre este tema a las diversas Comunidades Autónomas, creando algunas de ellas distintas autoridades públicas de control, con las misiones del CRAE, pero dependientes de las diferentes Consejerías de Agricultura. A partir de este momento se configuraría el marco normativo fundamental en el desarrollo del sector en España al crear una reglamentación armonizada que facilitaba las exportaciones de los productos ecológicos a los distintos mercados de la Unión Europea.

Hasta finales de la década de los 90, el crecimiento de la agricultura ecológica en España tanto en superficie como en operadores fue exponencial, impulsado por la regulación de competencias por parte de las Comunidades Autónomas. El desarrollo normativo comunitario en cuanto a agricultura ecológica fue continuo; en 1999 se aprobó́ el Reglamento (CE) 1804/99, que completaba la norma de 1991 regulando la producción animal. En el año 2000 se creó un logotipo concebido para ser utilizado con carácter voluntario en el etiquetado de los productos ecológicos.

Desde el 1 de enero de 2009, fecha en que entró en aplicación, la producción ecológica se encuentra regulada por el Reglamento (CE) 834/2007 el Consejo sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos (deroga en el anterior Reglamento (CEE) 2092/91) y por los Reglamentos: Reglamento (CE) 889/2008 de la Comisión, por el que se establecen disposiciones de aplicación del Reglamento (CE) 834/2007 con respecto a la producción ecológica, su etiquetado y control y Reglamento (CE) 1235/2008 de la Comisión por el que se establecen las disposiciones de aplicación del Reglamento (CE) 834/2007 , en lo que se refiere a las importaciones de productos ecológicos procedentes de terceros países.

En España, el control y la certificación de la producción agraria ecológica se lleva a cabo mayoritariamente a través de Consejos o Comités de Agricultura Ecológica territoriales, que son organismos dependientes de las Consejerías o Departamentos de Agricultura de las Comunidades Autónomas, o directamente por Direcciones Generales adscritas a las mismas.


3. La crisis estructural en la agroalimentación actual

El planeta se enfrenta una importante crisis del sistema agroalimentario, una crisis de naturaleza estructural, causada por la creciente competencia entre los distintos usos que se debe dar a las tierras productivas; tierras cuyo stock es limitado y cuya disponibilidad per cápita disminuye de manera inexorable al ritmo que la población y los niveles de consumo agroalimentario aumentan.

Una crisis motivada también por alta dependencia que el modelo de agricultura mantiene respecto a unos combustibles fósiles cada vez más escasos y caros y por la alta vulnerabilidad que exhibe ante los cada día más desastrosos impactos de cambio climático en curso. Lo hábitos alimentarios de los países ricos, con una tendencia hacia el consumo desproporcionado de carne y productos lácteos, desvían grandes cantidades de cereales del consumo humano de aquellas áreas donde más se necesita hacia la alimentación del ganado perpetuando el hambre, la desnutrición y elevando los precios de tal manera que los alimentos básicos se convierten en inaccesibles para los más pobres (IAASTD, 2009).

El sistema agroalimentario mundial es hoy incapaz, pese que hay materia prima para ello, de alimentar a la humanidad, ha progresado poco en la erradicación de la pobreza rural y comienza a dar evidentes signos de agotamiento (FAO, 2007, 2014). Por otro lado, el funcionamiento de los mercados y el papel subordinado que juega la actividad agrícola en el crecimiento económico, han provocado una acusada pérdida de rentabilidad. Según FAO, los precios reales de los principales productos agrarios han disminuido en un 50% desde 1983 (FAO, 2007). Esa caída es causa de abandono en los países ricos y de hambre, emigración a las ciudades y pobreza en los países pobres. Paradójicamente, los precios en destino han experimentado una importante subida en los tres últimos años. El aumento sostenido del consumo de grano, el aumento del consumo de carne sobre todo en Asia, el aumento del precio del petróleo y la escasez de tierra que se ha puesto de manifiesto con la expansión del cultivo de agrocombustibles, son expresión de la crisis estructural del sistema agroalimentario mundial.

Los desequilibrios tradicionales de producción entre países, la distribución desigual de la tierra y el control de los mercados agrícolas mundiales por las grandes multinacionales agroalimentarias y los grandes bancos han convertido la inseguridad alimentaria, el hambre endémica y la pobreza de vastas zonas rurales del planeta en una característica estructural del sistema agroalimentario mundial. A ello contribuye el propio modelo predominante, la agricultura química, al provocar impactos ambientales muy profundos que están disminuyendo –y lo harán de manera más grave en el futuro- la capacidad de los agroecosistemas de producir alimentos y materias primas y de ofrecer servicios ambientales.


4. Problemática transferida a los productos ecológicos

Pero los problemas no sólo se circunscriben al proceso de producción. Las actividades de transformación agroalimentaria y distribución han adquirido un protagonismo inédito. La comida procesada ha desbancado a la que se consume en fresco y cada vez se consumen más alimentos fuera del hogar y de temporada. En la alimentación humana intervienen ahora nuevos y más sofisticados equipos dependientes de gas o electricidad que han incrementado el coste energético de la alimentación. El mercado alimentario se ha vuelto global, provocando que los alimentos viajen largas distancias y haya que invertir grandes cantidades de energía en el propio transporte, en la logística y en la conservación de los alimentos.

La alimentación de los españoles exige, por ejemplo, el empleo de una cantidad muy relevante de energía, en su gran mayoría proveniente de combustibles fósiles que se emplean fuera del sector agrario. Si incorporamos el resto de actividades necesarias para poner los alimentos en la mesa de cada hogar comprobamos que el sector agrario es responsable de poco más del 24% del consumo total de energía primaria del sistema agroalimentario español. El transporte de los alimentos, su procesamiento industrial, su embalaje, su venta, su conservación y su consumo, alcanzan el 76% restante. Esto es, por cada unidad energética consumida en forma de alimento se han gastado en su producción, distribución, transporte y preparación más de siete. La ineficiencia del proceso de alimentación humana es un fiel reflejo de su grado de sustentabilidad.

El perfil de consumo alcanzado por las sociedades más ricas y desarrolladas es imposible de mantener indefinidamente y sus impactos ambientales y sociales son extremadamente graves (UNEP, 2011). Cualquier estrategia económica de futuro debe tratar de reducir dicho perfil hasta unos niveles compatibles con la conservación de los ecosistemas, asegurando así́ su pervivencia en el tiempo. Dicha estrategia debe prestar especial atención a cómo se atiende el consumo alimentario de los ciudadanos, procurando el logro de tres objetivos principales: a) la promoción de formas de manejo de los agroecosistemas que sean sostenibles; b) la organización de una distribución alimentaria más local y menos despilfarradora de energía y b) la promoción de un consumo alimentario social, energética y territorialmente menos costoso. Todo ello sin que se reduzca la calidad de vida de todos los actores involucrados en el proceso (productores, distribuidores, consumidores, etc.) y sin que las ganancias en eficiencia energética por ejemplo faciliten una nueva expansión del consumo.

El perfil de consumo alcanzado por las sociedades más ricas y desarrolladas es imposible de mantener indefinidamente y sus impactos ambientales y sociales son extremadamente graves. Clic para tuitear

5. El marco institucional

a) El marco institucional dominante

En un reciente informe, el International Panel of Experts on Sustainable Food Systems ha identificado los principales mecanismos de bloqueo que existen actualmente para la transición industrial a la ecológica y ha propuesto estrategias de superación de los mismos con criterios exclusivamente agroecológicos (IPES-FOOD 2016).

Son muchos los obstáculos al cambio, pero es el marco institucional dominante, que convierte a los mercados desregulados en los principales distribuidores de bienes y servicios alimentarios, incluidos los recursos naturales, el principal factor que bloquea el cambio e impone sus reglas. No por casualidad, la hegemonía de los mercados desregulados se ha impuesto en prácticamente todos los países y estructuras supraestatales como la UE, y se ve reforzado por acuerdos internacionales que gobiernan todas las transacciones internacionales. Las grandes corporaciones trasnacionales, cada vez más concentradas, ejercen con eficacia la presión sobre los gobiernos para que este marco institucional que les es favorable no cambie, o para que las legislaciones nacionales no tengan prevalencia sobre los acuerdos comerciales entre ellos. Tratados internacionales como el CETA entre la Unión Europea y Canadá, ya firmado, o el TTIP entre la UE y USA, aún en discusión, son ejemplo paradigmático del predominio de los lobbies y de su acción legislativa, cuyo objetivo es su prevalencia a escala global. Los procesos de concentración empresarial que son especialmente intensos en el sistema agroalimentario, no hacen sino intensificar la presión. Bayer, Monsanto, Dupont, Dow, Syngenta y BASF controlan ya las tres cuartas partes del mercado global de agroquímicos y cerca de las dos terceras partes del mercado de semillas comerciales.

Ello dota al concepto de soberanía alimentaria de una significación de más largo alcance. No basta con afirmar la capacidad de producir lo que cada país o comunidad local necesite, sino también de dotarse de un marco institucional favorable a la continuidad y consolidación de aquellas experiencias que han alumbrado o alumbran un modo alternativo de producir, distribuir y consumir alimentos. Sin ello, el salto de escala no será́ posible y por tanto la sustentabilidad agraria no saldrá́ de las experiencias anecdóticas.

En la producción industrial se pone de manifiesto la frecuencia con la que los productores deben recurrir, presionados por el mercado, a implementar prácticas convencionales. Por ejemplo, a incorporar semillas comerciales antes la falta de material genético adaptado a las condiciones de suelo y clima, ya sea proporcionado por los propios productores que usan variedades tradicionales o mediante la mejora participativa; la reducción de las rotaciones y tendencia al monocultivo que obligan al uso de inputs externos (abonos, combustibles); la simplificación del diseño del agroecosistema, lo que obliga a utilizar medios también externos, habitualmente permitidos por los reglamentos nacionales, de control de plagas y enfermedades. Estas y otras prácticas similares responden a la necesidad de intensificar la producción para compensar la caída de los ingresos de los agricultores. Habitualmente, el marco institucional impide que la intensificación se pueda realizar mediante un manejo de los propios agroecosistemas, optimizando los procesos ecológicos internos.

Las prácticas sostenibles (agroecológicas) son penalizadas económicamente por el mercado. Clic para tuitear

En efecto, las prácticas sostenibles (agroecológicas) son penalizadas económicamente por el mercado. Los productores familiares y los productores orgánicos tienen más costes que los productores convencionales. Del mismo modo, la carencia de maquinaria adaptada a los manejos orgánicos, que maximice la eficiencia energética en el uso de combustibles fósiles, o la falta de incentivos a la utilización de biocombustibles, hacen que la agricultura orgánica contribuya hoy por hoy menos de lo que podría hacerlo al decrecimiento del perfil metabólico del sistema agroalimentario español, pese a la amplia superficie de cultivos orgánicos existente en España (2 millones de ha) (MAPAMA, 2016a).

b) Marco institucional que afecta a la producción y distribución de alimentos

La producción orgánica circula mayoritariamente por los mismos canales comerciales que los alimentos convencionales. En ellos predominan canales largos que son grandes consumidores de energía y materiales, que pueden llegar a anular los impactos positivos de la producción orgánica o atenuarlos de manera significativa.

Por ejemplo, sólo el 23% de la producción orgánica total se distribuye en España a través del autoconsumo y canales de distribución alternativos (pequeños comercios, venta directa, grupos de consumo). Es este un sector más globalizado que el de la alimentación convencional. De hecho, el valor de las exportaciones e importaciones suponen el 52% y el 29% del consumo interno, respectivamente (MAPAMA, 2016b). Los productores orgánicos se ven con frecuencia obligados a vender sus productos a través de grandes firmas alimentarias que desarrollan sus propias marcas orgánicas para las labores off-farm (procesado, distribución y venta). A ello hay que añadir que el desequilibrio entre una demanda creciente y una oferta insuficiente (EU-DG AGRI, 2010, 42) y mal organizada, favorece la entrada de grandes operadores de la distribución y reproduce el mismo modelo convencional en el que un porcentaje injusto del precio final es retenido por los agricultores.

Sólo el 23% de la producción orgánica total se distribuye en España a través del autoconsumo y canales de distribución alternativos. Clic para tuitear

El marco institucional vigente regula, pues, los mercados agroalimentarios en beneficio de la producción convencional, de los grandes intereses de la industria de insumos, de las grandes empresas agroindustriales y de la gran distribución en perjuicio de los consumidores, de los propios productores y del medio ambiente y la salud. Las políticas públicas deberían revertir esta situación, introduciendo medidas y regulaciones que cambien el sistema de incentivos monetarios y fiscales de que hoy goza la producción y el consumo convencionales y que tanto perjudica a la producción orgánica. Pero para ello, es necesario ejercer una posición de lobby, tal y como hace las grandes corporaciones alimentarias, imponiendo una nueva institucionalidad ya sea mediante la movilización social, la presión electoral, o mediante la combinación de ambas. Sin el cambio institucional no será́ posible avanzar en la transición agroecológica.


6. Soluciones para la transición agroecológica

El reto consiste, por tanto, en ampliar la escala de las experiencias agroecológicas (upscaling agroecology), superando el bloqueo institucional y creando una nueva institucionalidad alternativa mucho más favorable. Con ello se busca incrementar significativamente el porcentaje que hoy significa el consumo de productos orgánicos y locales, bajo lógicas agroecológicas, en el conjunto del consumo agroalimentario. Se trata de poner en el centro la cooperación entre los distintos eslabones de la cadena y no la competencia, de tal manera que se supere el aislamiento y la fragmentación de las experiencias. Ello debe lograse mediante la combinación de los diversos instrumentos de movilización e innovación sociales de que dispone el propio movimiento agroecológico e incluso de políticas publicas coproducidas dentro de sistemas agroalimentarios locales de base agroecológica (SALbA). Estos sistemas se basan en la creación y consolidación de un nuevo régimen alimentario, alternativo al dominante que ocupe el mayor espacio alimentario posible, que gane hegemonía respecto al régimen alimentario convencional y se sostenga por la fuerza de los movimientos sociales pero también por su viabilidad socioeconómica. Se trata de buscar las sinergias que produce la cooperación para producir, distribuir y consumir entre las experiencias agroecológicas y la incorporación organizada de otras nuevas.

El principal objetivo de los SALbA es ampliar y abastecer el consumo local con productos saludables, cultivados de manera sostenible en el propio territorio, con una remuneración justa del trabajo y accesibles al consumo en precio y ubicación física.  Los SALbA se configuran para atender de la manera más integral posible la demandad local, generando autonomía alimentaria y convirtiendo el proceso en el centro de una estrategia de desarrollo local autocentrado que capte una mayor cantidad del valor añadido, del empleo y en definitiva, de la renta.


7. Valoración de la situación actual del Reglamento Ecológico Europeo según el CRAE

Las nuevas normas sobre producción ecológica y etiquetado se han aprobado en abril de 2018, tras un largo proceso, en el Parlamento Europeo. Ahora toca fijar los esfuerzos en los siguientes pasos hasta su entrada en vigor en 2021.

El negociador del Europarlamento, Martin Häusling, explicó en una rueda de prensa que “esta normativa ofrece claridad y certidumbre tanto a los productores como a los consumidores de la Unión Europea (UE). Contribuye a mejorar la calidad de los alimentos ecológicos, pero también responde a las necesidades de un mercado en crecimiento”.

La sesión plenaria de la Eurocámara en Estrasburgo debatió las normas y aprobó el 19 de abril el contenido del texto base que logró el apoyo de 466 eurodiputados.

Desde que en marzo de 2014 la Comisión Europea (CE) adoptara su propuesta de reforma, el documento, que no contentaba ni a Estados miembros ni al sector ecológico europeo, pasó por multitud de complejos procesos negociadores. Más de 20 meses de duras negociaciones, varias presidencias y 18 trílogos (negociación a tres bandas de Eurocámara, Comisión y Consejo), algunos a punto de fracasar, han sido necesarios para lograr un acuerdo que se alcanzó en noviembre de 2017.

Entre los puntos clave de las nuevas normas eco aparecen, entre otros, controles más estrictos, granjas mixtas (producción convencional y ecológica, aunque debidamente separadas) o procedimientos de certificación para pequeños agricultores más fáciles. Como novedad se incluyen nuevos productos como sal, corcho y aceites esenciales, si bien se podrán agregar otros más adelante.

Respecto a la contaminación con pesticidas sigue sin armonizarse, ya que los Estados miembro que tienen umbrales para sustancias no autorizadas en los alimentos ecológicos pueden seguir aplicándolos, pero deben permitir que otros productos alimenticios eco de otros países de la UE entren en sus mercados. No obstante, existe el compromiso de evaluar de nuevo las reglas contra la contaminación por la Comisión Europea en 2025. A este texto base, sin embargo, aún le queda un trámite final, su paso en mayo por el Consejo de Ministros de Agricultura que lo adoptará formalmente.

Por otro lado, se destacó la armonización de las normas para el control de fronteras porque supone un gran avance, y porque contribuirá a que la “agricultura europea tienda hacia un modelo ecológico”. No obstante, queda trabajo por hacer para potenciar el consumo interno: “En la UE consumimos el 55% de los productos agrícolas que producimos”.

Queda trabajo por hacer para potenciar el consumo interno: «En la Unión Europea consumimos el 55% de los productos agrícolas que producimos». Clic para tuitear

Destacar, además, que el proceso de esta legislación comunitaria no ha terminado. Ahora quedan por “pulir” todas las partes del futuro reglamento vía actos delegados (Comisión Europea) y actos de implementación (Consejo Europeo). A partir del segundo semestre, quedan dos años y medio para perfilar los actos delegados y de implementación de este reglamento que entrará en vigor el 1 de enero de 2021.

Así, está previsto que a partir de julio de 2018, los legisladores se pongan con las reglas de producción; las de los controles serán durante el primer semestre de 2019; las del etiquetado en el segundo de ese año o las relativas a comercialización e importación de terceros países que se abordarán en el primer semestre del 2020. El nuevo reglamento sobre producción ecológica entrará en vigor el próximo 1 de enero de 2021.


8. Consideraciones finales

Efectivamente, para el logro de un sistema agroalimentario más sostenible no es suficiente con la acción individual o colectiva de los ciudadanos ante el mercado o la producción. Tampoco son suficientes las políticas públicas de manera aislada, sin conexión con los movimientos agroecológicos. La participación en la contienda política para conseguir espacios de poder con que aplicar políticas públicas agroecológicas es absolutamente necesaria; pero también la interconexión y mejor organización de las propias experiencias agroecológicas para crear una nueva institucionalidad alternativa que sea capaz de, ganando tamaño, resistir los embates del mercado y el actual marco institucional, e imponer políticas públicas adaptadas a las necesidades de las propias experiencias alternativas (coproducción de políticas públicas), favoreciendo el “anclaje institucional” de las innovaciones agroecológicas.

Todo ello exige un cambio de enfoque en la propia práctica agroecológica, apostando por formas de acción colectiva basadas en la cooperación y no en la competencia; las conformación de sistemas agroalimentarios locales de base agroecológica que al ganar en escala impongan un nuevo arreglo institucional favorable; y, finalmente, la confección de un catálogo de políticas públicas que tengan capacidad de arrastre hacia arriba (insumos) y hacia abajo (cadena agroalimentaria) sin por ello dejar de fomentar la propia movilización social. En este último aspecto, se trata de superar la tradicional movilización sectorializada para buscar una movilización más amplia y centrada en la alimentación para con ello tejer alianzas sociales mayoritarias con capacidad de cambio que puedan llegar a serlo.

Debemos realizar un cambio de enfoque en la propia práctica agroecológica, apostando por formas de acción colectiva basada en la cooperación y no en la competencia. Clic para tuitear

Referencias

FOOD AND AGRICULTURE ORGANIZATION (FAO). Global Agriculture towards 2050. Report from the High-Level Expert Forum ‘How to Feed the World 2050’. 2009. Available online: http://www.fao.org/fileadmin/templates/wsfs/docs/Issues_papers/HLEF2050_Global_Agriculture.pdf(accessed on 4 May 2014).

INTERNATIONAL ASSESSMENT OF AGRICULTURAL KNOWLEDGE, SCIENCE AND TECHNOLOGY FOR DEVELOPMENT (IAASTD). Agriculture at a Crossroads. IAASTD synthesis report. Island Press, Washington, 2009.

IPES-FOOD. From uniformity to diversity: a paradigm shift from industrial agriculture to diversified agroecological systems. International Panel of Experts on Sustainable Food systems, 2016. www.ipes-food.org

MAPAMA (Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente): Agricultura Ecológica. Estadísticas 2015. Madrid: MAPAMA, 2016a http://www.mapama.gob.es/es/alimentacion/temas/la-agricultura- ecologica/estadisticaseco2015connipoymetadatos_tcm7-435957.pdf

MAPAMA (Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente): Caracterización del sector de la producción ecológica española en términos de valor y mercado, referida al año 2015. Madrid: MAPAMA, 2016b. http://www.mapama.gob.es/es/alimentacion/temas/la-agricultura- ecologica/informecaracterizacionpecologica2015-definitivo-271216_tcm7-443642.pdf.

Molina, M., García, D., & Casado, G. (2017). Politizando el consumo alimentario: estrategias para avanzar en la transición agroecológica/ Politicizing Food Consumption: Strategies for Advancing in Agroecological Transition. Redes, 22(2), 31-55.

UNITED NATIONS ENVIRONMENT PROGRAMME (UNEP). Assessing the Environmental Impacts of Consumption and Production. Priority Products and Materials. UNEP, Paris, 2010.

UNITED NATIONS ENVIRONMENT PROGRAMME (UNEP), Decoupling natural resource use and environmental impacts from economic growth, A Report of the Working Group on Decoupling to the International Resource Panel. Fischer-Kowalski, M., Swilling, M., von Weizsäcker, E.U., Ren, Y., Moriguchi, Y., Crane, W., Krausmann, F., Eisenmenger, N., Giljum, S., Hennicke, P., Romero Lankao, P., Siriban Manalang, A. (Le Mont-sur-Lausanne, Switzerland: United Nations Environment Programme, 2011).

 

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